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6 febrero 2011

Escritura libre

Este es un ejercicio de escritura libre. Esencialmente, consiste en echar a andar un temporizador de la clase y especie que sea (en mi caso, es mi muy querido pomodoro.app, que tantas manos me echa cuando me hace falta un poco de concentración) y ponerse a escribir sin ningún tema concreto en mente, sin retroceder ni editar más de lo estrictamente necesario. Dejando fluir el texto… todo lo que pueda fluir. Es el último recurso al que recurro (¡rebuznancia!) en unos días en los que tengo muchas ideas, muchos esbozos, muchas entradas de este blog a medio escribir en mi cabeza, pero ninguna palabra escrita en el papel (metafóricamente hablando). [Nota: escribir una entrada sobre el proceso de escritura y las aún inexistentes grabadoras mentales].

No puedo dejar de preguntarme de dónde surge esta especie de bloqueo del noescritor. La comparación evidente es con aquella época en la que yo escribía tanto y tan a menudo, de la cual hace, pongamos, unos tres o cuatro años. Si nos ponemos heraclíticos, yo no soy ya la misma persona, pero la referencia es inevitable. Y cada posibilidad que me viene a la cabeza me gusta menos que las anteriores. Pudiera ser que al decidirme a publicar estos textos con mi propio nombre me sienta más limitada, más presionada, que cuando firmaba con seudónimo, y me atrevía quizás a enarbolar planteamientos más radicales o anécdotas más personales. ¿Habré cometido un error, entonces? Porque exactamente, ¿qué pretendía yo saliendo a la luz de esta manera? Pero es un tema en el que no me interesa meterme en este momento. [Nota: escribir una entrada sobre el anonimato en Internet y la responsabilidad de asumir la propia identidad].

Otra posibilidad es que mi capacidad de concentración, la fuerza de voluntad necesaria para fijar la atención en una cosa más de dos minutos, se me haya evaporado en estos últimos años, a medida que he ido saltando de hiperenlace en hiperenlace, de Recommended items del GReader a icanhascheezburguer, de vídeo de Youtube a enlace corto del Twitter, maldito y bendito sea el invento de las pestañas del navegador, y que no me quede ya, realmente, sustancia en el coco para escribir, digamos, quinientas palabras seguidas (trampa: acabo de mirar el contador de palabras, 373). [Nota: leerse el dicho libro The Shallows del que todo el mundo habla, comprobar si es una sarta de tontería con un fondo de verdad, como sospecho; escribir una entrada al respecto]. También está el hecho de que en los último tiempos releo lo que escribo, aunque sean dos líneas de un correo, y no me gusto, veo mis palabras faltas de brillo, mi vocabulario se encoge, mi sintaxis se resiente, en parte quizás por culpa de todos esos libros en inglés, todas esas series en inglés; alguien debería colocar una pegatina en todos los monitores del mundo, «El uso de Internet perjudica gravemente el dominio de la lengua materna». [Nota: escribir una entrada sobre lo difícil que es realmente mantener la competencia lingüística en dos idiomas, no digamos ya en tres]. Y ya por último me queda la posibilidad de que esté empeñada en seguir haciendo algo para lo que no tengo un particular talento y que ha dejado de producirme satisfacción; pero dicen que el talento, o la falta de él, puede ser hábilmente enmascarado con la práctica, las famosas diez mil horas que, dicen, te convierten en un experto; ¿y qué satisfacción se obtiene de algo que no se practica, y que por tanto nunca se domina? ¿No dicen que la satisfacción está en el afán de superación? Igual nosotros, los vagos, que nunca nos creímos ese rollo, nos vemos penitentes y arrepentidos al llegar a edades más maduras, buscando de otras maneras.

Esas son algunas de las cosas que me pasan en este momento por la cabeza, y que me han hecho soltar de pronto el Kindle [Nota: escribir una entrada sobre mi nuevo Kindle y el libro electrónico y el de papel] porque no podía seguir prestando atención a Miles Vorkosigan, y sentarme aquí y hacer este esfuerzo espontáneo, este ejercicio de escritura libre, durante los veinticinco minutos que me ha dado mi temporizador (y los diez que he pasado, al terminar, corrigiendo erratas y añadiendo enlaces. Sólo he rehecho una frase, que no tenía ningún sentido).

Contad si son catorce, y está hecho.

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7 diciembre 2010

Carta a los periódicos que recibieron la documentación de WikiLeaks

Llego un par de días tarde, pero lean, lean:

Estimados señores:

Desde hace una semana están ustedes publicando los cables de las embajadas norteamericanas que alguien filtró a WikiLeaks y que WikiLeaks les hizo llegar a ustedes. El interés mundial que han despertado esas publicaciones ha sido tan enorme y evidente como el beneficio que les ha debido de suponer a ustedes ser los únicos periódicos con acceso exclusivo a esos documentos.

Desde el primer momento, e incluso desde antes, WikiLeaks y su cabeza visible, Julian Assange, están sufriendo toda clase de ataques con el fin de silenciarles para siempre. La falsa acusación de violación contra Julian Assange en Suecia, la incitación a asesinarle hecha por un ex-consejero ministerial canadiense, la confirmación del fiscal general australiano de que están colaborando con EE.UU. en perseguir a Assange, los ataques DDoS contra WikiLeaks, la expulsión de los servidores de Amazon tras las presiones del senador Lieberman, el cierre de la cuenta de WikiLeaks en PayPal, los ataques de los más conservadores medios y políticos de EE.UU. y otros países… Todo para acallar a una persona y una web que sólo han hecho… lo mismo que ustedes.

Wikileaks ha recibido unos documentos reales sobre cuya autenticidad no ha dudado ningún alto cargo de EE.UU. Es más: WikiLeaks realiza una función de mera intermediación entre la persona o personas responsables de la filtración de esos documentos y los medios de comunicación: ustedes. Wikileaks es su fuente. Y los periódicos tienen la obligación ética de proteger a sus fuentes.

Mientras ustedes disfrutan los beneficios de su asociación con WikiLeaks en prestigio, exclusivas, ventas y publicidad, esta organización tiene que ir mudando de servidor día tras día y Julian Assange permanece escondido y buscado por Interpol. Hasta Reporteros Sin Fronteras ha salido en su defensa.

Por eso, por justicia y solidaridad, les pido que brinden a Julian Assange toda la ayuda legal que puedan y que alojen WikiLeaks en sus propios servidores. Es la única postura honesta.

Atentamente:

En el blog del Teleoperador pueden leerse las versiones en inglés, francés y alemán de esta carta, así como los enlaces a todas las direcciones de contacto relevantes para enviarlas. Son sólo un par de clicks, no se corten.

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