Archive for ‘En cabeza ajena’

7 diciembre 2010

Carta a los periódicos que recibieron la documentación de WikiLeaks

Llego un par de días tarde, pero lean, lean:

Estimados señores:

Desde hace una semana están ustedes publicando los cables de las embajadas norteamericanas que alguien filtró a WikiLeaks y que WikiLeaks les hizo llegar a ustedes. El interés mundial que han despertado esas publicaciones ha sido tan enorme y evidente como el beneficio que les ha debido de suponer a ustedes ser los únicos periódicos con acceso exclusivo a esos documentos.

Desde el primer momento, e incluso desde antes, WikiLeaks y su cabeza visible, Julian Assange, están sufriendo toda clase de ataques con el fin de silenciarles para siempre. La falsa acusación de violación contra Julian Assange en Suecia, la incitación a asesinarle hecha por un ex-consejero ministerial canadiense, la confirmación del fiscal general australiano de que están colaborando con EE.UU. en perseguir a Assange, los ataques DDoS contra WikiLeaks, la expulsión de los servidores de Amazon tras las presiones del senador Lieberman, el cierre de la cuenta de WikiLeaks en PayPal, los ataques de los más conservadores medios y políticos de EE.UU. y otros países… Todo para acallar a una persona y una web que sólo han hecho… lo mismo que ustedes.

Wikileaks ha recibido unos documentos reales sobre cuya autenticidad no ha dudado ningún alto cargo de EE.UU. Es más: WikiLeaks realiza una función de mera intermediación entre la persona o personas responsables de la filtración de esos documentos y los medios de comunicación: ustedes. Wikileaks es su fuente. Y los periódicos tienen la obligación ética de proteger a sus fuentes.

Mientras ustedes disfrutan los beneficios de su asociación con WikiLeaks en prestigio, exclusivas, ventas y publicidad, esta organización tiene que ir mudando de servidor día tras día y Julian Assange permanece escondido y buscado por Interpol. Hasta Reporteros Sin Fronteras ha salido en su defensa.

Por eso, por justicia y solidaridad, les pido que brinden a Julian Assange toda la ayuda legal que puedan y que alojen WikiLeaks en sus propios servidores. Es la única postura honesta.

Atentamente:

En el blog del Teleoperador pueden leerse las versiones en inglés, francés y alemán de esta carta, así como los enlaces a todas las direcciones de contacto relevantes para enviarlas. Son sólo un par de clicks, no se corten.

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16 octubre 2010

Coleccionando formación

Hoy venía yo con la idea de hablar de mi viaje a Nueva York y empezar a dármelas de cosmopolita insufrible, aprovechando que nadie me ve escribir estos sofisticados textos desde la intimidad de mi bata abuelera, pero ayer recibí una carta de mi amiga María. La carta merece publicarse completa, o eso pienso yo; aunque es verdad que yo pienso que cualquier cosa que anote María en la esquina de una servilleta merece publicación encuadernada en cartoné, cosida en hilo y a todo color (sólo si ha hecho un dibujito de acompañamiento). En cualquier caso, sí que quiero reproducir aquí un par de fragmentos:

Asisto perpleja a una vorágine de títulos, diplomas y certificados (y lo peor, siendo parte integrante de la masa) que, en muchos casos, no conduce más que a la búsqueda, previo paso por caja, de tener una oportunidad más que el vecino.

En muchas, demasiadas ocasiones, los posesores de tan fastuosas trayectorias formativas no merecerían tener el graduado escolar. Por otro lado, la realidad social y el rodillo triturador de la criba imponen esta lucha por el supuesto conocimiento y la especialización (…).

Y por otro lado, tenemos a la gente que cree realmente en esta formación, que tiene una inquietud por aprender, por estudiar, por seguir formándose al margen de los frutos que ello pueda dar (…) a veces también yo me pregunto si esto tiene que ir siempre unido a una formación reglada. Se ha perdido en cierto modo el hecho de aprender por aprender sin necesidad de un título, de un certificado. Es verdad que la presión y los plazos obligan a un esfuerzo más constante, pero ¿hasta qué punto son a veces necesarios?

Como somos víctimas constantes del síndrome Baader-Meinhof, esta mañana me he fijado en este titular: «Los MBA son una pérdida de tiempo y dinero», frase de Seth Godin, que es un señor calvo que escribe con notable velocidad y considerable éxito (todo lo contrario que yo, como se puede ver por mi lustrosa melena). Y aquí ando dándole vueltas al tema.

Bien avanzado ya el desmantelamiento de las universidades, a las que se quiere destinar a fabricar trabajadores especializados para su mejor aprovechamiento por parte del capital, la formación se ha convertido en uno de los grandes negocios de este siglo. Acumulamos másteres y cursos como quien colecciona figuritas de Lladró, pero ¿qué conocimientos sacamos de ellos? ¿Aprendemos, o compramos adornos para el curriculum?

Aprovar no es aprender

Creo que hay un grupo en particular que, totalmente desorientado, sufre mucho con esta situación. Somos los que crecimos pensando era obligatorio y necesario estudiar, hijos de padres con más inquietudes que dinero, herederos de una clase media ahora a extinguir. Contemplamos confundidos cómo a nuestro alrededor la gente amasa títulos, y comparamos este mundo con el de nuestros padres, que con una licenciatura pelada (¡quién habría escrito «licenciatura pelada» hace treinta años!) tenían -tienen-, sin discusión, una educación muy superior a la de la mayoría de quienes hoy día ostentan esas «fastuosas trayectorias formativas».

No soy yo una forofa de «la escuela de la vida», ni creo que se puedan suplir los conocimientos teóricos de la mayoría de las materias mediante la experiencia cotidiana y el aprender haciendo. Godin tampoco defiende este extremo, y el famoso MBA personal de Josh Kaufman incluye una lista de 99 libros, que se dice pronto. Más en esta última línea, sospecho que si acudiéramos más a los libros y menos a las ubicuas escuelas de posgrado, tendríamos el currículo más breve, pero la cabeza mejor amueblada.