Archive for noviembre, 2010

29 noviembre 2010

Cuidado con la inexperiencia térmica…

Ayer por la mañana decidí agarrar mi flamante cámara nueva y salir a hacer fotos por el Bunter Garten, aprovechando que llevamos ya un par de días de nevadas ligeras y que la escarcha sobre las hojas queda muy estética y tal.

Se juntaron el hambre y las ganas de comer: lo poco acostumbrada que estoy a acarrear una réflex de más de medio kilo por los caminos, con las manos fuera de los bolsillos en forzada posición fotera, más el tiempo que hace que no vivo en un sitio en el que haga frío de verdad (¡Madrid no cuenta porque sólo he pasado un invierno y mi chico me llevaba al curro cual princesita!). Añádase mi escasa afición (y por tanto, falta de costumbre) a la naturaleza, y de esto resulta que casi me quedo congelada en mitad del Bunter Garten; eso sí, con una capa de escarcha por encima de lo más estética. Y tal.

Bunter Garten

Así que sirva esto de recordatorio y quizás de aviso a algún otro novato: para salir a hacer fotos a temperaturas bajo cero hay que llevar, aparte de lo evidente (buen abrigo, zapato abrigado)…

Guantes. Esto es un drama. Unos guantes bien gruesos, que abriguen de verdad, no te dejan manipular la cámara. Unos guantes de punto como los que llevaba yo hoy… bueno, no te extrañes de que al quitártelo en casa se te quede algún dedo dentro. Te pasas todo el rato con las manos en alto y bastante bloqueadas en la misma postura. Mi próximo experimento son a) los guantes de cuero o b) los guantes de plástico del tinte (¡no se rían!) debajo de los de punto o c) dos pares de guantes de punto…

Bunter Garten

Algo debajo de los pantalones, llámese leotardos, leggings, mallas, medias o lo que sea. Hoy he tenido mi primer momento «fotógrafa loca», durante el cual he clavado la rodilla en el barro helado mientras me contorsionaba para sacar una foto y murmuraba «Un poco más…». La gente se ha parado a mirarme. La rodilla correspondiente, que sólo iba cubierta por el vaquero, se me ha quedado insensible hasta después de volver a casa. El vaquero, precioso. El resultado, este:

Bunter Garten

A lo que añadiré: otro par de calcetines. O dos. O unos de esos de esquiar. Y calentadores. Llevaba unas botas bien hermosas y oye, como si hubiera ido descalza.

Bunter Garten

Gorro, orejeras y capucha: combinación a elegir. A mí me gusta el número de orejas que tengo. Si a usted no, prescinda de estos elementos.

¡Brrrrr!

Y sobre todo, con la que está cayendo, ¿qué narices hacen ustedes por ahí sacando fotos?

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27 noviembre 2010

I’m back!

He vuelto. Escondan a sus… hum… hermanos mayores, supongo.

I'm back!

Sí, puñetero, gran parte de culpa la tienes tú.

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22 noviembre 2010

Me han cogido

A mí también me tienen. Creíamos que eran sólo unos pocos, que pasaría pronto… Pero no. Cada vez son más, cientos, miles, y cada día, cada hora, docenas de infelices víctimas pasan a engrosar sus filas. Salvaos vosotros, porque conmigo han podido.

Esos seres tenebrosos… los fotógrafos (pulse aquí).

First shoot!

Ya ven: me he resistido durante bastante tiempo, pero aquí estoy (agarrando muy mal la cámara), impulsada por ese noble sentimiento que durante siglos nos ha llevado a elevarnos hasta alcanzar las mayores cotas del genio humano: la envidia. Envidia verde y purulenta, provocada por la visión, día tras día, de las fotazas que sacan tus amigos los fotógrafos. Esos señores tan raros que un día se compraron una réflex digital y desde entonces no se dignan mirar el mundo si no es a través de un cristal muy gordo y muy caro. Esos señores que pasan horas delante de una pantalla «revelando» fotos (no, mi patente resentimiento no tiene nada que ver con que mi señor consorte sea uno de ellos). Tras varios años rodeada, he acabado pensando que si no puedes con ellos…

Así que ni corta ni perezosa (tiene telita esta expresión, en mi caso), me he agenciado una Canon EOS 1000D de segunda mano (de aquí en adelante, «la mildé»), le he mangado el 18-55 a mi santo (dulce venganza), y me he decidido a adentrarme en este mundillo de locos.

Así que si no vuelvo, no vengan a buscarme; ustedes quédense a ser leyenda, que es mucho más barato. Va en serio.

16 noviembre 2010

Sorpresa: lo de Renfe sigue siendo una vergüenza

Hoy, además, en noticias asombrosas, el agua moja y el fuego quema. Lo sé, lo sé, pero déjenme que me desahogue. No estoy hablando ahora de esa grandísima chapuza que ellos llaman web, sino del timo sistemático que tenemos que aguantar los usuarios todas las navidades.

Los antecedentes seguro que les suenan: en la web de Renfe se pueden comprar billetes con 90 y hasta con 120 días de antelación (lo anunciaron a bombo y platillo, los muy cretinos, como si eso no dificultara aún más conseguir una plaza). Lo bueno que tienen estos billetes es que hay muchas plazas con importantes descuentos; para conseguir el descuento «pequeño» basta con comprar con siete días de antelación, y para el «grande», con quince (Y entonces, ¿a qué tanta prisa?). Sobra decir que esas plazas vuelan. Y pagar el precio completo del billete puede no ser un drama para trayectos intermedios o trenes normales, pero si te ves forzado a coger un AVE, el precio completo te parte por la mitad.

Nota: ¿Forzado? ¿Cómo forzado? Sí, señores: forzado. Porque lo que no suele decir Renfe cuando saca una línea de alta velocidad nueva (Barcelona, ahora Valencia) es que te quitan tus trenes normales, los que podías pagar, qué importa tardar cinco horas en llegar a Barcelona, en vez de tres. Pero no me extiendo sobre esto, que bastante me duele.

Total, que llega el otoño y uno necesita comprar billetes de tren para cumplir con sus obligaciones familiares, etcétera. Y por supuesto, a finales de septiembre ya están todos los billetes a la venta y si uno se espabila un poco, consigue plazas baratas.

No hombre, es broma.

Llega el otoño y los billetes a partir del 12 de diciembre no salen a la venta. Llega octubre. Llega noviembre. Y no salen a la venta. Una, que tiene ya más tiros pegados que la escopeta del Tercio, recurre a comprobar religiosamente la web chapuza todos los días, en plan compulsivo, porque esto no avisa. Y eso que sabes que algunos años no han vendido billetes hasta el mismo diciembre.

Así que esta mañana a las siete abro la dichosa web chapuza, y me encuentro con que los billetes están a la venta, así, con nocturnidad y alevosía. Me lanzo a por mi billete y consigo mi Madrid-Sevilla del 20 por la mañana, a buen precio. Y entonces trato de sacar el Madrid-Sevilla de mi señor consorte del 23 por la tarde… y no puedo. No puedo porque el último AVE sale a las cuatro de la tarde.

No puede ser. Recargo. No puede ser, me engañan mis ojitos. Trato de sacar los Sevilla-Madrid, que también son por la tarde. Y el último AVE sale a las tres y media. Momento en el cual mis juramentos en arameo los oyen hasta los porretas de Venlo, los tempraneros, claro está. Un velo de sangre cubre mis ojos, y en el fondo me alegro de no tener ningún pobre ferroviario a mano, porque probablemente le habría arrancado una oreja de un mordisco, contribuyendo así al deterioro de la alianza de civilizaciones (humano-ferroviaria).

Esta vez Renfe ha rizado el rizo. A día dieciséis de noviembre, ponen a la venta los billetes del AVE de por las mañanas. Y nos quedamos todos con cara de gilipollas, a las siete de la mañana, tarjeta de crédito en mano, el pelo revuelto de la cama y los ojos desencajados, pensando en qué tipo de vigilancia compulsiva podemos emprender ahora para localizar nuestros trenes de por la tarde. ¡O si es que no hay trenes por la tarde en absoluto! ¡No lo sabemos!

Tengo que preguntarme, claro, qué será lo próximo, el año que viene. Propongo que se pongan a la venta sólo los trenes que salgan en las horas pares. O sólo aquellos cuyo número comience por tres.

O propongo que eliminen las plazas con descuento de una vez y reconozcan que nunca quisieron venderlas, que son un cebo para atraer incautos, y que la clase obrera (otro día hablamos de la clase obrera) viaje en autobús, coño, como está mandado.

14 noviembre 2010

Otoño

Está siendo un otoño ajetreado, un otoño de currar bastante, de reevaluar decisiones pasadas, de tirar algunas toallas y aceptar retos nuevos. Está siendo un otoño de muchos aviones y de reencuentros frecuentes. Pasados los primeros meses de acarrear maletas, de no saber muy bien qué llaves lleva una en el bolsillo, de intentar llegar a todo y de no tener (¡por suerte, a veces!) tiempo para reflexionar, se entra de pronto en otra etapa.

Desde las alturas

Y de pronto hace frío, y la lluvia incesante sólo anima a quitarse los zapatos del trabajo y arroparse mucho en casita, y los relojes se detienen y siempre son las ocho de la tarde. Y misteriosamente, de pronto hay tiempo para leer, y para hacerse muchas tazas de té; y también para echar ferozmente de menos, y preguntarse eso de pero qué narices hago yo aquí, y responderse con mucha lógica y raciocinio cosas muy adultas, de las que aplacan la mente pero no el corazón.

Tullerías

Pero yo me digo que este otoño no puedo recordarlo como el otoño en el que la nostalgia me atenazaba de tanto en tanto; no quiero recordarlo como el otoño en el que decidí comprarme las primeras botas de agua desde que estaba en el cole; no voy a recordarlo como el otoño en el que volvía la vista a mi país y me entristecía y me preocupaba y me mordía las uñas pensando en volver y no volver.

Pariser Platz

He pensado que es mucho mejor recordarlo como el otoño en el que estuve en Nueva York, París y Berlín. Y que me quiten lo bailao.